“El tratamiento del dolor es un derecho del ser humano”

 El dolor es difícil de aceptar y comprender. El ser humano ha tratado de combatirlo desde el inicio de la humanidad, por medio de rituales mágicos que buscaban alejar los malos espíritus hasta la aplicación de técnicas intervencionistas. Es decir, el dolor ha acompañado a los seres humanos desde su origen. Por eso, la búsqueda de los medios para combatirlo siempre ha acompañado a los hombres. ¿Qué es mejor: utilizar remedios naturales y saludables, o utilizar compuestos químicos, sintéticos y perjudiciales? Pilar Goya Laza, doctora en Ciencias Químicas de la Universidad Complutense y ex directora del Instituto de Química Médica (CSIC), ha tratado de desmontar este enfrentamiento: “Lo mejor es cuando los dos caminan juntos. La química goza de una inmerecida mala fama. El tratamiento del dolor es un derecho del ser humano”.

Goya ha participado en los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco con una ponencia sobre el dolor y la ciencia. “La química nos acompaña en nuestra vida diaria, desde la cuna a la tumba, desde los antisépticos que protegen los ombligos de los recién nacidos hasta los paliativos que nos ayudan a pasar el tránsito final. Muchos de los problemas que sufre la humanidad, como la búsqueda de fuentes de energía alternativas y la alimentación para una población creciente, van a ser resueltos por estos profesionales de bata blanca. Los avances de la química están relacionados con el progreso”.

Según la experta, “cualquier tiempo pasado fue peor, y en lo que al dolor respecta, fue pavorosamente peor”. Por ejemplo, en el Antiguo Egipto se realizaba una perforación en el cráneo con la idea de dejar salir a los malos espíritus, pero, según la doctora, puede haber una cierta base científica. “Al aliviar la tensión intracraneal el paciente podía experimentar una cierta mejoría”. En Grecia y Roma se consideraba un castigo de los dioses y era frecuente ir a dormir a los templos. “Esto tiene una dudosa utilidad práctica, pero el paciente podía experimentar un importante efecto placebo. Una cuestión fundamental en el dolor”.

Goya apunta que desde que se tiene constancia de documentos ya aparecen los primeros pasos terapéuticos que utilizaban remedios naturales. “Sobre todo, se valían de los cocimientos de las hojas del sauce, la dormidera del opio y las flores de la coca, muy utilizadas en las civilizaciones hincas. Muchos de los analgésicos que utilizamos hoy están relacionados o inspirados en ellos”.

Junto con esta idea de luchar contra el dolor y las consideraciones mágicas se intento explicar el dolor desde la filosofía. “Aristóteles situó al dolor en el corazón, mientras que para Platón y Demócrito la génesis del dolor estaba en el cerebro. Pero fue en la Edad Media cuando se estableció que el dolor es una sensación específica que no se puede vincular con los demás sentidos. Leonardo da Vinci también realizó su aportación a este campo, intentando establecer una relación entre los nervios y la sensación dolorosa”.

En el Siglo XVI, Paracelso “revolucionó nuestra actitud frente al dolor; sostuvo que la verdadera finalidad de la química era preparar medicamentos y no fabricar oro”. Así, en el Siglo XIX se dieron numerosos avances en el tratamiento con el descubrimiento de morfina, la creación de la jeringuilla o la aspirina.

Pilar Goya ha citado algunos datos para subrayar la importancia del dolor en la vida. Por ejemplo, un tercio de la población mundial sufre dolor y uno de cada cinco adultos sufre dolor crónico. “El peor de todos estos datos es que uno de cada cuatro pacientes no están satisfechos con su tratamiento”.

Uso de la anestesia

Respecto a la anestesia ha comentado el enorme rechazo de la sociedad frente al fármaco cuando se empezó a utilizar. “El uso de la anestesia fue particularmente difícil de implantar en el parto, porque contradecía el mandato bíblico de ‘parirás con dolor’. Fue la Reina Victoria quien puso de moda su uso en el nacimiento de su noveno y décimo hijo. Esto cambió completamente la actitud de la época victoriana”.

La doctora se ha centrado principalmente en los analgésicos. Existen dos grupos de analgésicos: los antiinflamatorios no esteroides y los opioides. “Desde tiempos inmemoriales se sabía que masticar la corteza del sauce aliviaba la fiebre y el dolor del parto. En el siglo XIX, se logró aislar la salicina de esta corteza, y de ahí proviene la aspirina, después de haber realizado ciertos cambios estructurales a este compuesto”.

La doctora ha ofrecido otros ejemplos para demostrar que los fármacos totalmente sintéticos pueden ser igual de beneficiosos que los naturales. “No hay que poner ninguna pega a los productos sintéticos, pueden ser productos estupendos. Por ejemplo, unas caracolas que se encuentran en el mar y que contienen un veneno muy potente para inmovilizar a sus presas puede sintetizarse para ser utilizado como tratamiento del dolor agudo. Los compuestos no son buenos ni malos en función de su origen, si no de su compuesto”.

Fuente: eldiario.es

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